Nuestra historia · Desde 2016

Ana Ibiza nació de una boda que prefiero no recordar

En 2011 Ana fue a la boda de una amiga con un vestido que llegó roto, y pasó la noche escondida al fondo de las fotos. Cinco años después creó la tienda que le habría gustado encontrar. Esta es su historia, desde el taller de costura de su madre.

1984

Un vestido se mira por dentro

La madre de Ana era modista de barrio en La Marina. Cosía junto a la ventana de un cuarto pequeño y siempre decía lo mismo: un vestido se mira por dentro. Ana creció entre alfileres, retales y una lata de galletas llena de botones.

La Marina, 1984 · el cuarto de la ventana
La Marina, 1984 · el cuarto de la ventana
La máquina de casa · gasa roja para una boda
La máquina de casa · gasa roja para una boda
La lata de botones, 1988 · no se tiraba ninguno
La lata de botones, 1988 · no se tiraba ninguno

1987

Botones de Las Dalias y escaparates

Los sábados tocaba Las Dalias: los botones se elegían uno a uno, mirándolos a contraluz. Entre semana, la tela se compraba en las tiendas del centro después de mucho mirar los escaparates. Nada se elegía deprisa.

Las Dalias, 1987 · botones uno a uno
Las Dalias, 1987 · botones uno a uno
Ibiza, 1989 · mirar antes de comprar
Ibiza, 1989 · mirar antes de comprar

Años 90

Vestidos que viajaban

Los vestidos empezaron a viajar: en tren hasta Úbeda dentro de una funda, a comuniones en casas de pueblo, a bodas en patios de Córdoba. Así aprendió Ana lo que más importa: un vestido tiene que aguantar la noche entera y seguir bonito en la última foto.

Tren a Úbeda, 1990 · la funda en la ventanilla
Tren a Úbeda, 1990 · la funda en la ventanilla
Jaén, 1991 · recién terminado
Jaén, 1991 · recién terminado
Un patio en Córdoba, 1993 · invitadas de espaldas
Un patio en Córdoba, 1993 · invitadas de espaldas

2011

Las fotos boca abajo

En la boda de una amiga, Ana llevó un vestido barato comprado por internet que llegó roto. Acabó yendo con un traje negro y escondida al fondo de todas las fotos, que guardó boca abajo en un cajón. Para entender qué había fallado, se fue a aprender el oficio a un taller de confección.

2011 · las fotos que nunca enmarcamos
2011 · las fotos que nunca enmarcamos
Galicia, 2014 · figurines a lápiz
Galicia, 2014 · figurines a lápiz

2016

Del boceto al primer pedido

En 2016 nació Ana Ibiza con una sola regla: si una prenda no me la pondría yo, no se vende. El primer vestido fue una acuarela de gasa roja; los primeros pedidos se apuntaron a mano y salieron envueltos uno a uno en papel de seda con una cinta roja.

El primer boceto, 2016 · gasa roja
El primer boceto, 2016 · gasa roja
El cuaderno de pedidos · 2016
El cuaderno de pedidos · 2016
Los primeros envíos · papel de seda y cinta roja
Los primeros envíos · papel de seda y cinta roja

Hoy

Que ninguna mujer vuelva a esconderse en una foto

Hoy elegimos cada vestido igual que entonces: tocando la tela, mirando las costuras y preguntándonos si nos lo pondríamos. Envío gratis a España y 30 días para cambiarlo si no te queda como esperabas.

Antes de una sesión, 2025 · cada color en su sitio
Antes de una sesión, 2025 · cada color en su sitio

La elegancia no se improvisa: se elige.

Ver los vestidos

Las fotografías de esta página son recreaciones que ilustran nuestra historia; no son imágenes de archivo ni muestran a personas reales.

Foto antigua boca abajo con «Boda Lola · 2011» escrito a boli
Ana Ibiza · Desde 2016

La historia de Ana

Ana es nuestra musa. No es una persona concreta: es todas las invitadas que alguna vez se escondieron en una foto. Esta es su historia, en cinco capítulos que empiezan con un traje negro y terminan con una promesa.

Empieza la historia
Ana sentada en la cama tras el entierro de su madre, en 2009
Lirios y unas llaves sobre la mesa
Fig. 1Febrero de 2009. El traje negro que Ana prometió no volver a ponerse.
Capítulo I · 2009

El vestido negro

El 11 de febrero de 2009 llovía fino sobre Ibiza. Ana tenía veinticuatro años y esa noche perdió a su madre, Rosario, modista de barrio en La Marina, la mujer que le enseñó que «un vestido se mira por dentro».

Ana no tenía nada negro en el armario. Su tía Pilar la llevó a una tienda de Vara de Rey media hora antes del cierre y compró lo primero que le valió: un traje negro, recto, de manga larga, que le quedaba ancho y le pesaba como un abrigo. Nadie lo miró por dentro.

Lo llevó todo el día del entierro, el 14 de febrero, con los escaparates llenos de corazones rojos. Esa noche lo colgó al fondo del armario y se prometió no volver a ponérselo nunca. Tardaría dos años en romper esa promesa.

El vestido de 39 euros, recién sacado de la bolsa, sobre la cama
Ana mirando el móvil
Fig. 2Junio de 2011. El vestido de 39 euros llegó tarde y roto; Ana volvió al traje negro.
Capítulo II · 2011

La boda de Lola

La promesa se rompió por una boda. En marzo de 2011 sonó el teléfono. Era Lola, su mejor amiga desde tercero de primaria: «Me caso con Javi. El 18 de junio, en Chinchón. Y te quiero a mi lado, en primera fila». Después de dos años de luto, Ana decidió que ese día iba a estar guapa.

Una noche, con su hija Carla ya dormida y su iPhone 4 de pantalla rayada, encontró en una web desconocida un vestido largo color nude, precioso en la foto. 39 euros. Tardó semanas. Llegó dos días antes de la boda, arrugado en una bolsa de plástico gris: poliéster brillante que transparentaba, hilos sueltos y una costura que se abrió al subir la cremallera. Nadie contestó a sus correos.

No había tiempo para otro. Ana sacó del fondo del armario el traje negro del entierro. Hacía 34 grados en Chinchón y todo el mundo iba de colores menos ella. En todas las fotos, Ana aparece en una esquina, medio tapada detrás de Andrés, el primo de Lola que medía casi dos metros. Lejos de la primera fila.

Ana cosiendo en el taller de Arteixo
Vestido de noche sobre la mesa de corte
Fig. 3Arteixo, 2014. Donde Ana entendió por qué se rompió aquel vestido.
Capítulo III · 2014

Aprender a coser

Aquella boda se le quedó dentro, y el vestido de 39 euros también: nunca lo tiró. Quería entender por qué se había roto. En septiembre de 2014 Ana metió su vida y la de Carla en tres maletas y se fue a aprender el oficio a un taller de confección de Arteixo, a veinte minutos de A Coruña.

El primer día, la dueña, Maruxa, cogió aquel vestido, le dio la vuelta y dijo: «Rapaza, un vestido mírase por dentro». Ana se quedó helada: era la frase de su madre, cinco años después y a seiscientos kilómetros de La Marina. Con Rosa, su compañera de máquina, aprendió a distinguir un buen crepé con los ojos cerrados.

Allí descubrió lo que no sale en una foto: que un tejido barato transparenta con luz de día, que un forro mal cosido se sube al sentarte y que un tirante sin refuerzo se cae al bailar. Por fin entendió qué le había fallado en Chinchón. Aprendió a mirar un vestido por dentro antes que por fuera.

Foto de grupo de la boda de Lola en 2011, con Ana de negro al fondo
Una mano infantil sacando una foto de un cajón
Fig. 4«Boda Lola · 2011». Ana, al fondo a la derecha.
Capítulo IV · 2015

La foto del cajón

Un domingo lluvioso de noviembre de 2015, su hija Carla, ya con seis años, buscaba pilas en el cajón de la cocina. Debajo de un folleto de pizzas encontró una foto boca abajo que había viajado en aquellas tres maletas. Por detrás, a boli azul: «Boda Lola · 2011».

Le dio la vuelta. Una escalinata, una novia con los brazos en alto, vestidos de todos los colores. Y al fondo, en la última fila, una mujer de negro intentando desaparecer. «Mamá, ¿por qué vas de negro a una boda? ¿Y por qué estás escondida?».

Ana no supo qué contestar. Había guardado esa foto boca abajo cuatro años porque no soportaba verse en ella con el traje del entierro de su madre. Al día siguiente llamó a Lola y le contó todo: el traje, el vestido de 39 euros, Maruxa. «Si alguien puede arreglar eso para otras, eres tú», le dijo su amiga.

Que ninguna mujer vuelva a esconderse en una foto.
Por qué existe Ana Ibiza
Vestido de Ana Ibiza dentro de su caja negra
Fig. 5Así llega hoy cada vestido de Ana Ibiza.
Capítulo V · 2016

Nuestra promesa

Esa frase se convirtió en la nueva promesa de Ana. De ella nace Ana Ibiza, que se lanza en 2016. El nombre lo eligió Carla: «Ana, como tú. Y Ibiza, como la abuela Rosario». Vestidos para todas las mujeres que quieren salir en la foto que se queda para el recuerdo. Delante, no en una esquina.

Tenemos una sola regla: si Ana no se lo pondría, no lo vendemos. Cada modelo lo elegimos pensando en lo que no se ve en la foto, como le enseñaron Rosario y Maruxa. Y cuidamos justo lo que a ella le falló con aquel vestido de 39 euros: que alguien te conteste, que te digamos la verdad sobre los plazos y que puedas devolverlo si no es lo que esperabas. El traje negro sigue colgado al fondo del armario. Esta promesa, Ana no piensa romperla.

  1. Devoluciones en 30 días

    A Ana nadie le dejó devolver aquel vestido de 39 euros. Tú tienes 30 días para devolverlo gratis, sin dar motivos, y te reembolsamos el importe completo.

  2. Atención real en español

    Ana escribió correos que nadie contestó. A ti te contesta una persona de nuestro equipo, en español, por email.

  3. Envío gratis

    Ana esperó semanas sin saber nada de su vestido. Tu envío estándar es gratis en todos los pedidos y lo sigues con su número de seguimiento en Mis pedidos.

El día que Ana no tuvo

Una noche, hora a hora

  1. 12:00

    La ceremonia

    De pie, con luz de mediodía y un tejido que no transparenta.

  2. 14:30

    El banquete

    Tres horas sentada, sin que el forro se suba ni apriete.

  3. 18:00

    Las fotos

    Delante, no en una esquina. Ni detrás de nadie.

  4. 21:00

    El baile

    Brazos arriba, como la novia, sin pensar en el tirante.

  5. 02:00

    La última copa

    Y todavía te sientes guapa, como Ana quiso sentirse en Chinchón.

Opiniones

Lo que nos dicen nuestras clientas

4,7 / 5 · 13500 opiniones

  • Compra verificada

    El color me gustó muchísimo

    Estuve dudando bastante por el color porque las pantallas engañan. Cuando lo vi en persona me gustó más, es un tono precioso. Creo que hice buena elección.
    Ainara GallegoIbiza
  • Compra verificada

    Me solucionaron un cambio enseguida

    Tuve que cambiar la dirección después de hacer el pedido y pensé que ya estaba liada. Les escribí y me lo solucionaron sin marearme. El vestido además llegó bien y sin arrugas.
    Sara BermudezBilbao
  • Compra verificada

    Volví a pedir otro

    Ya es el segundo que compro, esta vez en otro color. La calidad y el acabado, genial.
    Luisa GómezMotril
Ana Ibiza · Desde 2016

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Vestidos para bodas, comuniones, cenas y celebraciones. Los que Ana se habría puesto en Chinchón.

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